El despacho quería transformar la pantalla de recepción — hoy estática o apagada la mayor parte del tiempo — en un activo de marca. El desafío era crear una pieza que funcionara en bucle continuo, sin cansar visualmente a quienes pasan por el espacio varias veces al día.
Facetas geométricas en azul profundo componen una animación lenta y no repetitiva a la vista, inspirada en la idea de múltiples ángulos de análisis — una metáfora visual del razonamiento jurídico. El movimiento es sutil para no competir con las conversaciones en recepción, pero presente lo suficiente como para reforzar la identidad de marca en cada visita.